Por: Rogerio Valdez Arias
Sinaloa vuelve a estar en el centro de la conversación política nacional.
La nueva licencia de Rubén Rocha Moya, aprobada por el Congreso del Estado después de apenas unas horas de su regreso a la gubernatura, abrió nuevamente la puerta a una pregunta que mantiene en vilo a la clase política sinaloense: ¿quién será el próximo gobernador o gobernadora interina?
El Congreso sinaloense está llamado a tomar la decisión este lunes 24 de agosto, en una sesión extraordinaria, que podría marcar un antes y un después en la vida política del estado.
Y entre los nombres que han comenzado a tomar fuerza aparecen dos perfiles completamente distintos, pero con posibilidades reales dentro de la baraja: Yeraldine Bonilla Valverde y Julio Berdegué Sacristán.
Dos proyectos.
Dos estilos.
Dos lecturas diferentes de lo que Sinaloa necesita en este momento.
YERALDINE, LA CARTA DE LA CONTINUIDAD
Yeraldine Bonilla Valverde no es una improvisada.
Ya conoce el Palacio de Gobierno, conoce el Congreso, conoce las entrañas de Morena y, sobre todo, ya estuvo al frente del Ejecutivo estatal durante la primera ausencia de Rocha Moya.
Actualmente, permanece encargada del despacho del Ejecutivo, mientras el Congreso define al nuevo gobernador o gobernadora interina.
Su principal fortaleza podría estar precisamente ahí: conoce la operación del Gobierno del Estado y tiene experiencia reciente en el manejo de la administración estatal.
Pero existe otra lectura política.
Si Morena decide que lo que Sinaloa necesita es continuidad, estabilidad y alguien que conozca perfectamente el funcionamiento del gobierno, Yeraldine podría convertirse nuevamente en una alternativa natural.
Además, su eventual designación mandaría un mensaje histórico: sería una mujer joven, formada políticamente dentro de Morena y con experiencia legislativa y administrativa, quien asumiría nuevamente la responsabilidad de conducir los destinos de Sinaloa.
Pero también existe el otro escenario.
BERDEGUÉ, LA CARTA DE LA RECOMPOSICIÓN
Del otro lado aparece Julio Berdegué Sacristán.
Su eventual llegada significaría un giro completamente diferente.
Berdegué representa experiencia federal, conocimiento del sector agropecuario y una relación directa con los sectores productivos. Su nombre comenzó a circular con fuerza entre las posibilidades para ocupar la gubernatura interina, aunque desde el Congreso se ha insistido en que todavía no existe una propuesta formal.
Y aquí está lo interesante.
Sinaloa no solamente enfrenta una crisis política.
También enfrenta una crisis de seguridad, económica y de confianza.
Por eso, un perfil como el de Berdegué podría ser leído como un intento de Palacio Nacional por enviar un mensaje diferente: orden, interlocución con los productores, cercanía con el Gobierno Federal y reconstrucción de la confianza.
No sería solamente cambiar de gobernador.
Sería cambiar el mensaje político.
¿QUÉ QUIERE PALACIO NACIONAL?
Esa es probablemente la pregunta de fondo.
Aunque constitucionalmente será el Congreso de Sinaloa, quien vote al gobernador interino, resulta difícil ignorar el peso político que tendrá la opinión del Gobierno Federal en una decisión de semejante magnitud.
Después de lo ocurrido con el regreso de Rocha Moya y su posterior solicitud de una nueva licencia, Morena necesita cerrar filas y evitar que la crisis política continúe creciendo.
La presidenta Claudia Sheinbaum necesita que Sinaloa recupere gobernabilidad.
Y para eso, necesita un gobernador que no solamente pueda ocupar la silla, sino que tenga capacidad para construir acuerdos.
Ahí es donde las dos cartas presentan diferencias.
Yeraldine representa continuidad.
Berdegué representa recomposición.
Una conoce el aparato político estatal.
El otro tiene una mayor vinculación con el Gobierno Federal y los sectores productivos.
Una significa mantener buena parte de la estructura que ya existe.
El otro podría significar un nuevo comienzo.
LA DECISIÓN NO SERÁ MENOR
El Congreso tiene la responsabilidad constitucional de elegir.
Pero los diputados también saben que la decisión tendrá consecuencias políticas.
No solamente estarán nombrando a quien despache en Palacio de Gobierno.
Estarán definiendo quién deberá enfrentar una de las etapas más complejas que ha vivido Sinaloa en los últimos años.
Por eso, la discusión no debería reducirse a quién tiene más simpatías dentro de Morena.
La pregunta tendría que ser mucho más seria:
¿Quién puede devolverle estabilidad a Sinaloa?
¿Quién puede sentarse con empresarios, productores, alcaldes, legisladores y organizaciones sociales?
¿Quién puede convertirse en interlocutor confiable ante la Federación?
¿Quién puede ayudar a recuperar la imagen de un estado golpeado por la inseguridad y la incertidumbre?
Y, sobre todo, ¿quién puede garantizar que Sinaloa no vuelva a entrar en un periodo de confrontación política?
LA HORA DE LA DECISIÓN
Este lunes podría despejarse la incógnita.
Yeraldine Bonilla o Julio Berdegué.
Continuidad o recomposición.
Política local o experiencia federal.
Una mujer que ya conoce el despacho del Ejecutivo o un perfil con experiencia en el Gobierno de México y los sectores productivos.
Lo cierto es que Sinaloa necesita dejar atrás la incertidumbre.
El estado no puede seguir viviendo entre licencias, regresos, renuncias y especulaciones.
Necesita un gobierno que gobierne.
Un gobernador que dialogue.
Una administración que dé certeza.
Porque mientras la clase política discute nombres, los sinaloenses siguen esperando resultados.
Y quizá esa sea la verdadera prueba para quien llegue a Palacio de Gobierno: no demostrar de dónde viene, sino demostrar que puede sacar a Sinaloa adelante.
La decisión está en manos del Congreso.
Pero el mensaje político, inevitablemente, llegará desde mucho más arriba.
Y entre Yeraldine Bonilla y Julio Berdegué, Sinaloa espera conocer cuál de los dos caminos escogerá el poder.
La continuidad o el cambio.
La operación política o la recomposición.
Este lunes comienza a escribirse el siguiente capítulo.
