Por: Rogerio Valdez

En un gabinete presidencial donde todos los días hay retos, decisiones y áreas que medir, hay una dependencia que comienza a sobresalir por encima de las demás: la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, encabezada por Omar García Harfuch.

Desde que llegó al cargo, Harfuch entendió que la seguridad no podía enfrentarse solamente con discursos políticos. Había que combinar inteligencia, coordinación, investigación y presencia operativa. Y esa fórmula es la que hoy le permite presentar resultados que colocan a la Secretaría de Seguridad como una de las áreas con mayor productividad dentro de la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum.

De acuerdo con las cifras presentadas por el propio Gobierno federal, durante la actual administración, el promedio diario de homicidios dolosos ha disminuido 51 por ciento entre septiembre de 2024 y julio de 2026.

A ello, se suman miles de detenciones por delitos de alto impacto y el aseguramiento de importantes cantidades de drogas y armas. Son números que, independientemente del debate que pueda existir sobre las estadísticas de seguridad, muestran una ofensiva federal mucho más visible contra las estructuras del crimen organizado.

Y ahí aparece una de las principales fortalezas de Harfuch: la coordinación.

El secretario ha logrado construir canales de comunicación con instituciones mexicanas y con agencias de seguridad de otros países. La relación con Estados Unidos, es particularmente significativa. Incluso en medio de las diferencias políticas y diplomáticas entre ambos gobiernos, la cooperación entre las instituciones de seguridad se ha mantenido activa.

La reciente participación de Harfuch en Buenos Aires, Argentina, es un ejemplo de ese nuevo papel internacional.

Durante la 40ª Conferencia Internacional para el Control de Drogas, organizada por la DEA y el Gobierno argentino, el funcionario mexicano acudió para presentar ante representantes de distintos países los avances de la Estrategia Nacional de Seguridad de México.

No fue un viaje protocolario más.

Fue, políticamente hablando, un escaparate internacional para México.

Harfuch llegó a Argentina a explicar qué está haciendo el Gobierno mexicano frente al crimen organizado, cómo se utiliza la inteligencia para combatir a las organizaciones criminales y cuáles han sido los resultados obtenidos durante la administración de Sheinbaum.

Pero quizá uno de los mensajes más importantes fue otro: México quiere cooperar internacionalmente en materia de seguridad, pero desde una posición de coordinación y respeto a su soberanía.

La reunión con autoridades estadounidenses también dejó una señal política importante. En Buenos Aires, Harfuch y el director de la DEA, Terrance Cole, reafirmaron la cooperación bilateral y calificaron la relación institucional como positiva.

Y es precisamente ahí donde el secretario ha sabido moverse.

Mientras en el terreno político, existen diferencias entre México y Estados Unidos, las agencias de seguridad mantienen canales de comunicación para intercambiar información y combatir delitos que, por naturaleza, ya no conocen fronteras.

Para Harfuch, la seguridad no parece ser solamente un asunto de patrullas y policías. Su apuesta está enfocada en inteligencia, información, coordinación internacional y golpes financieros y operativos a las organizaciones criminales.

Eso explica por qué su nombre comienza a adquirir un peso propio dentro del gabinete presidencial.

En una administración donde la presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta diariamente problemas económicos, políticos y sociales, la seguridad se convirtió desde el primer día en uno de los principales termómetros de su gobierno.

Y en esa materia, Harfuch ha conseguido algo que no siempre es sencillo para un funcionario: que los resultados hablen por él.

Por supuesto, todavía falta mucho.

México continúa enfrentando regiones con altos niveles de violencia, desapariciones, tráfico de armas y presencia de organizaciones criminales. Incluso las cifras oficiales de reducción de homicidios han sido objeto de debate y cuestionamientos por parte de especialistas, por lo que los resultados deberán seguir evaluándose con transparencia y con datos verificables.

Pero también sería injusto ignorar los avances que presenta el Gobierno federal.

Hoy, Omar García Harfuch es uno de los funcionarios con mayor exposición nacional e internacional de la administración de Claudia Sheinbaum.

Su presencia en Argentina, frente a representantes de más de un centenar de países, confirma que la seguridad mexicana ya no solamente se discute en Palacio Nacional: también se presenta ante el mundo.

Y en el tablero político de la Cuarta Transformación, eso tiene un significado.

Porque cuando un secretario comienza a acumular resultados, reconocimiento internacional, capacidad de interlocución con otros gobiernos y cercanía política con la presidenta, deja de ser simplemente un integrante del gabinete.

Se convierte en uno de los hombres fuertes de la administración.

Harfuch llegó a la Secretaría de Seguridad para dar resultados. Y hoy, esos resultados comienzan a darle algo todavía más importante: peso político.