En tiempos donde la desconfianza ciudadana hacia los gobiernos locales suele ser la constante, resulta pertinente detenerse a revisar los resultados, cuando éstos rompen la inercia.
Culiacán cierra 2025 con un dato que no es menor: finanzas municipales sanas, una condición que no sólo habla de disciplina administrativa, sino de una visión política orientada a la estabilidad y al impacto social.
La administración municipal encabezada por Juan de Dios Gámez Mendívil, deja números ordenados, sin sobresaltos financieros ni endeudamientos que comprometan a su gobierno.
En un país donde muchos municipios viven al filo del colapso presupuestal, el caso de Culiacán, se vuelve relevante: gastar con responsabilidad también es hacer política pública.
Pero las finanzas, por sí solas, no dicen mucho si no se traducen en beneficios tangibles. Y es ahí donde la administración municipal, apostó por obras con sentido social, priorizando colonias históricamente relegadas, mejoramiento de servicios básicos, rehabilitación de espacios públicos y vialidades que impactan directamente en la vida cotidiana de las y los culiacanenses. Obras menos vistosas para el aplauso inmediato, pero más necesarias para la cohesión social.
En un contexto estatal marcado por retos en materia de seguridad, otro punto que destaca es el incremento en el número de elementos de la Policía Municipal, una decisión política que implica inversión, capacitación y una apuesta por fortalecer el primer contacto de seguridad con la ciudadanía. No es una solución mágica, pero sí un mensaje claro: el municipio no se cruza de brazos ante uno de los problemas que más lastiman a la población.
A ello, se suma la reactivación económica local, impulsada desde el gobierno municipal mediante estrategias que favorecieron al comercio, a los pequeños y medianos empresarios y a la generación de empleos. Eventos, obra pública y coordinación institucional, funcionaron como palancas para mover la economía en momentos complejos, demostrando que la política municipal también puede ser un motor económico.
Al final, lo que queda es un balance que invita a la reflexión: administrar bien también es gobernar bien. Culiacán no sólo cierra 2025 con cuentas claras, sino con acciones que dejan huella en el territorio y en la vida diaria de su gente. En un escenario político, donde muchas veces pesa más el discurso, que los resultados, este caso confirma que las decisiones locales, cuando se toman con responsabilidad y sentido social, sí hacen la diferencia.
