Por: Rogerio Valdez
La política suele ser el mejor escenario para medir la lealtad. Mientras el poder se mantiene firme, abundan las fotografías, los elogios y las muestras de respaldo, pero cuando llegan las crisis, muchos cambian de discurso, toman distancia y buscan salvar su propio futuro.

Eso ocurrió en Sinaloa, tras los señalamientos del gobierno de Estados Unidos contra el gobernador con licencia, Rubén Rocha Moya, las acusaciones provocaron un terremoto político, que llevó al mandatario a solicitar licencia para enfrentar las investigaciones sin el respaldo del fuero, mientras la Fiscalía General de la República abría las carpetas correspondientes para revisar la información enviada por las autoridades estadounidenses.

En ese momento comenzó el desfile de silencios, alcaldes, diputados, funcionarios y actores políticos, que durante años caminaron al lado de Rocha Moya, optaron por guardar distancia, algunos dejaron de mencionarlo en sus discursos; otros evitaron fotografías o expresiones públicas de apoyo, apostando a que el tiempo definiría el rumbo de los acontecimientos antes de comprometer su capital político.

En política, esa conducta tiene nombre: pragmatismo. Para otros, simplemente es deslealtad.

Hoy, el escenario luce distinto, la Fiscalía General de la República ha informado que, hasta este momento, no cuenta con pruebas suficientes para proceder penalmente contra Rocha Moya por las acusaciones formuladas desde Estados Unidos, aunque las investigaciones continúan abiertas.

Ese cambio de circunstancias abre inevitablemente otra interrogante: ¿qué ocurrirá si Rubén Rocha Moya decide regresar a ejercer plenamente la gubernatura de Sinaloa?

Quienes optaron por el silencio, tendrán que explicar su ausencia, quienes apostaron por un relevo político acelerado, quizá descubran que los tiempos no siempre coinciden con sus aspiraciones y quienes pensaron que el proyecto político de Rocha había terminado, podrían encontrarse nuevamente con un gobernador sentado en el despacho principal de Palacio de Gobierno.

La política tiene memoria, los liderazgos suelen recordar quién permaneció cerca en los momentos difíciles y quién prefirió cambiar de acera cuando arreció la tormenta.

El posible regreso de Rocha Moya no sólo representaría la reanudación de un gobierno, sino también una prueba para medir la consistencia política de quienes ocupan cargos públicos en Sinaloa. 

Porque una cosa es acompañar al poder cuando todo marcha bien y otra muy distinta hacerlo cuando el costo político parece demasiado alto.

Al final, más allá de simpatías o diferencias, será la justicia la que determine responsabilidades conforme avancen las investigaciones. 
Pero el juicio de la política ya comenzó hace tiempo, y ese lo emiten diariamente los ciudadanos, que observan quiénes sostienen sus convicciones y quiénes las modifican, según la dirección del viento.